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Los daños colaterales de la Piratería

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Una trágica noticia relacionada con la piratería ha irrumpido en una localidad turística de la costa española en pleno verano. A pesar de que se trata de un hecho desafortunado, me gustaría aprovechar esta ocasión para plantear una reflexión sobre un aspecto de la piratería del que nunca se habla, con el ánimo de que este incidente no se repita jamás.

A priori, la piratería o la venta ambulante de productos falsificados de las marcas de lujo es un fenómeno que afecta a la industria y al comercio, vulnera la normativa de protección de la propiedad intelectual y atenta contra las normas del mercado. La venta de productos falsificados perjudica a los fabricantes y a los comerciantes que invierten dinero y esfuerzos en la realización de sus actividades económicas. Estos agentes que pagan sus impuestos, crean puestos de trabajo y favorecen la actividad económica exigen una respuesta de las autoridades. También y aunque no resulte evidente, los consumidores resultan dañados cuando adquieren productos defectuosos porque no gozan de ninguna garantía, así que en términos generales podemos afirmar que toda la economía resulta afectada por la piratería. Hasta ahora no he dicho nada nuevo, todo esto es obvio, pero vale la pena repetir que únicamente estamos hablando del daño directo que la piratería ocasiona y que es un daño de carácter económico.

Sin embargo, frente a esta situación se encuentra otra que es mucho más grave porque afecta a las personas y provoca daños en ellas. De estas cuestiones no se suele hablar, únicamente salen a la luz cuando hay problemas y en estos casos el daño es considerado como colateral, pero en realidad, constituye la parte más dramática del fenómeno de la piratería y, por ello, debería ser atendida con prioridad.

El hecho de que una persona haya resultado muerta, huyendo de una redada policial contra la venta ambulante de productos falsificados, viene a poner en evidencia que la piratería no sólo daña a la industria sino también a las personas.

Esta situación es muy grave, no obstante constituye un buen ejemplo de la realidad y de la complejidad del problema, porque nos muestra que los vendedores ambulantes son el último eslabón de la cadena de falsificación, más sin embargo, son la parte más débil y vulnerable, ya que sufren en su propia persona las acciones legales que se emprenden en la lucha contra el fraude y la piratería.

Hasta el presente, las medidas que han sido adoptadas para proteger la fabricación y venta de productos legales frente a la piratería contempla el fenómeno del fraude desde la perspectiva económica. Este enfoque, aunque acertado, no es completo ni suficiente para atacar el fenómeno de la piratería. Porque a pesar de que los falsificadores ha creado una potente industria ilegal, que afecta a la economía y contra la que se debe continuar luchando, ésta se sirve de las personas, los vendedores ambulantes que son considerados cómplices y la pregunta que planteo es si no deberían de ser consideradas víctimas.

Este planteamiento tiene por finalidad proponer un escenario distinto, cambiar la perspectiva de la lucha contra la piratería, tratando de identificar a quienes en realidad son los auténticos colaboradores. Posiblemente así se puedan adoptar otro tipo de medidas para luchar contra el fraude y la falsificación.

Los motivos que me llevan a realizar esta reflexión son también obvios, ya que normalmente los vendedores ambulantes de productos falsificados son personas que se encuentran en una situación adversa. Suelen ser inmigrantes cuya situación legal no está resuelta y la mayoría de ellos viven bajo el umbral de la pobreza.

Así que para empezar nuestra reflexión debemos preguntarnos qué pasaría si, en lugar de considerar a los vendedores ambulantes parte del negocio de la piratería, los consideramos como parte perjudicada.

Ahora centremos nuestra atención en las personas que compran productos falsificados que se venden de forma ambulante en las calles. ¿Acaso no son más culpables los compradores que los vendedores?

Esta pregunta nos lleva a otra, ¿qué podría ocurrir si las acciones legales contra la piratería se centraran en los consumidores? Resulta absurdo que deban gozar de protección legal cuando están colaborando con una actividad ilegal.

Por lo tanto, debemos cuestionar la responsabilidad de las personas que compran productos falsificados con conocimiento de su procedencia ilícita. No sería más adecuado considerar cómplices de la piratería a quienes con sus compras apoyan y hacen posible que florezca el negocio del fraude y la falsificación.

Sin lugar a dudas, a los compradores se les puede exigir una responsabilidad porque forman parte de la cadena del negocio del fraude y de la falsificación. Incluso es posible afirmar que los consumidores se encuentran en un eslabón superior al de los vendedores ambulantes, ya que sin sus compras, no habría ventas y el negocio llegaría a su fin. Lo que nos demuestra que las adquisiciones de los compradores son el elemento clave de la pervivencia de este lamentable comercio.

Mi conclusión es tan simple como obvia, creo que bastaría con cambiar la perspectiva y dirigir las acciones legales hacia los auténticos colaboradores, tal vez así la piratería podría terminar de forma inmediata y definitiva.

 

Escrito por Carmenchu Buganza.

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