Tendencias & Innovación

Necesitamos narradores que expliquen las historias de la innovación

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"La innovación es como una ola; si estás preparado y la ves ver venir te subes a ella, sino te arrolla."

Esto supone que, especialmente en nuestra vida profesional, nos hemos de preparar para minimizar el impacto que las diferentes olas de la innovación provocarán en nuestro entorno a lo largo de los años en los que estemos presentes sobre la superficie del globo terráqueo. Por tanto, hemos de tener muy claro que hemos de mantener viva la llama que alimenta la terna de armas que nos han de proteger: nuestras competencias, nuestras capacidades y nuestros conocimientos.

De este triunvirato, tanto las competencias como las capacidades, son independientes de las innovaciones, es decir, son factores sobre los cuales hemos de tener una especial preocupación en su aprendizaje, desarrollo y entrenamiento continuo. Esto último es lo más importante porque es la base de utilizar el binomio de competencias y capacidades, que estas se refuerzan y constituyen las herramientas de defensa o ataque que podemos escoger para utilizar en función de las circunstancias. Este binomio es el que realmente nos servirá para subirnos con seguridad a las sucesivas olas que crean las innovaciones.

En cambio, los conocimientos son los que en mayor medida vienen afectados por la innovación. Pero no todos los conocimientos adquieren la categoría de obsoletos; muchos permanecen válidos porque no están afectados, mientras que otros son la base sobre la que se construyen las sucesivas innovaciones. Ahora bien, lo que sí que hay son conocimientos, que de forma radical, carecen de tener utilidad, y si estos son los que se utilizan en el trabajo para el que nos han contratado, entonces tenemos un serio problema que deberemos resolver porque esta es la ola que nos puede arrollar.

La adquisición de nuevos conocimientos es, por tanto, no una asignatura pendiente, sino que debe convertirse en un hábito, de forma sistemática. Pero esta actitud no debe basarse en el estulto concepto de “desaprender para aprender”, que podríamos definir como una innovación conceptual de inmerecida fama porque no se puede desaprender. Lo que se puede hacer es aprender sobre lo aprendido; o si conviene, corregir lo aprendido para adecuarlo a las nuevas necesidades y conocimientos.

Y es en el aprendizaje donde las nuevas tecnologías o las innovaciones deben utilizarse cuando suponen ventajas evidentes. Y este es el caso, por ejemplo, cuando leemos textos en una lengua que no es la nuestra (o incluso en ésta) y nos encontramos una palabra cuyo significado desconocemos, es habitual utilizar el diccionario en papel, pero dado que ya existen diccionarios digitales éstos presentan claramente por un lado la ventaja de la rapidez y por otro, la posibilidad de escuchar su pronunciación. Lo cual en idiomas en los que la pronunciación no es evidente como es el caso del español supone una derrota aplastante del diccionario digital frente al analógico (en papel).

Curiosamente son las competencias y las capacidades relacionadas con el lenguaje y las lenguas, los pilares fundamentales de las líneas de defensa frente a la innovación.

Saber escribir correctamente, con sentido y coherencia en lo que se expone; o bien, desarrollar la capacidad de plasmar por escrito de forma creativa lo que nazca de nuestro intelecto.

Saber exponer nuestros pensamientos de forma sintética y clara, o bien, exponerlos de forma que influya para mover a aquellos que nos escuchan a actuar de forma diferente.

Estoy hablando del Arte de la Escritura y del Arte de la Oratoria, ambos denostados por aquellos que pretenden imponer sus creencias opiniones por la vía de los improperios y de los gritos estridentes.

Ambas artes curiosamente van a ser relevantes para su uso por aquellos que quieran subirse a la ola de una tendencia que se entrevé en el horizonte, y que afectará a diversos ámbitos tecnológicos y no tecnológicos, especialmente los relacionados con el entorno de la comunicación y el marketing 2.0. Esta tendencia es el “arte de contar historias”, es decir, “el Arte de la Narración”.

Porque si bien, en los últimos tiempos, las imágenes y las animaciones han liderado y lideran el ámbito de la red, serán las narraciones lo que será relevante. Se ha hecho un uso de la imagen excesivo que ha llevado a que se incorporen imágenes sin ningún sentido simplemente porque “había que poner una imagen”, en una aplicación mal entendida del refrán: “una imagen vale más que mil palabras”.

Esto es cierto cuando la imagen expresa lo que queremos que exprese, pero una imagen aleatoria no expone nada y puede crear el efecto contrario.

¿Y cómo afecta a la innovación “el Arte de la Narración”? Pues en el hecho de cuando se quiere explicar una innovación a nuestros posibles clientes, si lo hacemos explicándoles su historia, entonces es más que probable que en su imaginario personal esta historia que marcada de forma indeleble.

Porque en el fondo de nuestros corazones subyace la necesidad de que nos cuenten historias. Los que somos padres sabemos lo que supone para los niños que les cuenten un cuento antes de dormir y la reiterada petición noche tras noche. Estas narraciones quedan en lo más profundo del inconsciente y son una inquietud que pervive a lo largo de la vida. Es cierto que una imagen nos puede impactar, pero los relatos perviven en nuestra memoria de forma indeleble y son aquello que nos crea los sentimientos más fuertes. Además una buena historia se puede transmitir de generación en generación alrededor de una mesa, en cambio, una imagen no permite esta interacción entre generaciones.

Preparémonos pues para ser “narradores de la innovación”, pero sobretodo para ser “los protagonistas de la innovación”.

 

Escrito por: Gian-Lluís Ribechini

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