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Evaluando los resultados

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Han pasado pocos días desde que volvimos de vacaciones. Es probable que al igual que el bronceado que lucíamos y que ha desaparecido, la sensación de desconexión que nos provocó el receso veraniego se haya igualmente fugado. Dedicamos los dos post anteriores (Vacaciones: tiempo de felicidad y Última oportunidad para desconectar) a la importancia de desconectar, y vimos algunas pautas de cómo hacerlo. Ahora sería un buen momento, todavía con un ápice de bronceado, de hacernos una auditoría de los efectos de esa desconexión. Es hora de volver a hacer una introspección y fijarse en uno mismo para ver si ha cambiado alguna cosa en la forma de trabajar. Los parámetros a analizar, que hemos visto que son los que se ven más beneficiados de una buena desconexión, serían:

  • Productividad (aumenta, disminuye).
  • Proactividad e iniciativa (¿ha mejorado?).
  • Enfermedades (más o menos bajas).

Todo este análisis es interesante alimentarlo con tus propios resultados año a año y de esta forma poder mejorarlo para conseguir adaptarlo a las necesidades de cada persona. Un buen trabajo permitirá que, en un plazo de dos/tres años, las vacaciones que se hagan conlleven una buena desconexión que beneficie al propio manager y a la vez a la empresa.

La desconexión durante las vacaciones es algo que aún requiere trabajo, y más si se tiene un papel de manager. Como apuntan los expertos, las nuevas tecnologías hacen que sea muy difícil estar 100% desconectado del día a día de la empresa, e irse de vacaciones y desconectar es una tarea difícil y que aún no aplican muchos directivos.

No puede dejar de insistir en las múltiples ventajas que los estudios médicos y del ámbito de la productividad dan a la necesidad y realización de parones de trabajo, no sólo durante la época estival sino también a lo largo del año, llegándose a recomendar hacer hasta una parada cada tres meses. Es interesante ver como la felicidad y el éxito, que muchas veces se asocian al trabajo, van ligados a tareas y acciones muy alejadas del mismo. Esta relación entre dos conceptos aparentemente tan alejados se debe cuidar para hacer funcionar unos vasos comunicantes que están totalmente relacionados.

Una buena desconexión parte de una planificación pensada y ejecutada con la mentalidad de cumplirla. Saber hasta dónde se quiere llegar y contar con el apoyo de los más cercanos hará que unas vacaciones sean realmente un lugar de desconexión. Aun así, siempre es importante remarcar que un fracaso, el romper las reglas, no debe ser visto como un paso atrás, sino como algo natural que debe fortalecer lo que se hace.

A pesar de que se haya hablado de la necesidad de desconectar, esta misma desconexión se verá revertida en el futuro. Los momentos de vacaciones en los que uno se siente alejado del trabajo son en los que ve cómo puede llegar a pensar en el mismo de una forma totalmente distinta. La distancia, la relajación y las nuevas experiencias vividas, alejadas del día a día, hacen que se produzcan avances profesionales mientras uno no está forzado a trabajar. Del mismo modo, si somos conscientes de esto, podremos ayudarnos a imponernos vacaciones no sólo una vez al año sino más repartidas a lo largo del mismo, para beneficiarnos no sólo de forma inmediata sino a la vez promocionar nuestra carrera laboral.

Una vez evaluado el grado de desconexión, y esperando haber aportado un granito de arena al éxito de este propósito, toca analizar cómo realizar una conexión de alto rendimiento. De ello hablaremos en el próximo post. ¡Feliz reconexión!

 

Escrito por Lluís Soldevila.

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