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¿Estará bueno? Los envases inteligentes tienen la respuesta

¿Cuántas veces nos situamos frente a un producto envasado, generalmente del tipo alimenticio, y nos preguntamos si realmente estará fresco? Lo miramos de un lado, del otro, lo damos vuelta, leemos la fecha de envasado y la de vencimiento, y aún así nos quedamos con ciertas dudas o percepciones sobre su estado. Recurrimos a nuestra experiencia y observamos el color o intentamos tomar su aroma y, ante la duda, lo devolvemos a su lugar de origen en el estante, comprando un producto alternativo o sustituto.

El resultado de esa incertidumbre genera incomodidad para el consumidor y es perjudicial para la empresa productora. El producto y su marca comienzan a tener un posicionamiento negativo en la mente del consumidor, se genera una pérdida de confianza y con ello una caída en las ventas. ¿Falló el producto? No, el problema ha estado en la adecuada o acertada información sobre el estado de conservación de ese producto.

Para resolver este dilema, ayudar al consumidor en la toma de decisiones al momento de la compra y beneficiar a las empresas, surgen los envases inteligentes o activos.

La función de este tipo de empaque va más allá de contener y trasciende el hecho de ser una barrera de protección contra daños, sino que su rol implica la interacción con el consumidor al informar sobre el estado de conservación del producto. Estos envases marcarán tendencia en los próximos años para afrontar los retos de conservación, seguridad y sostenibilidad.

Existen diferentes etiquetas o envases que sirven como indicadores de tiempo, humedad y temperatura, dan información visual sobre el producto y su frescura o vida útil, son simples y cambian de color si la cadena de frío se ha roto o si el producto lleva mucho tiempo aguardando a ser consumido, entre otros muchos indicadores que están surgiendo y que serán decisivos al momento de efectuar la compra.

Actualmente, diferentes empresas trabajan conjunta y colaborativamente con diversas universidades del mundo para desarrollar este tipo de envases inteligentes. Por ejemplo,

La Universidad de Oulu, en Finlandia, cuenta con un proyecto de investigación denominado Susfoflex, que busca desarrollar envases que retrasen la fecha de caducidad de los alimentos y que los protejan de gérmenes y bacterias. Este proyecto participan cerca de 14 organizaciones de varias nacionalidades dentro del VII Programa Marco de Financiación de la I+D y la participación de Andaltec (Centro Tecnológico del Plástico), en España. Por otro lado, Braskem (Brasil), productor de resinas termoplásticas, junto con la Universidad de Clemson de los Estados Unidos y la Universidad Federal de Río Grande del Sur de Brasil, comenzaron a investigar los envases inteligentes en 2013 y produjeron los primeros prototipos en 2016 y serán presentados en el marco de la feria Interpack en Düsseldorf, Alemania.

Sin embargo, estas tecnologías conllevan un coste elevado y pueden encarecer el producto. Sólo tendrán éxito si se desarrollan aplicaciones que el consumidor valore por encima del incremento del costo. El desafío es hacerlo eficiente para que todos podamos gozar de las virtudes de este envasado.

 

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