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La innovación no puede existir sin cometer errores

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Si una empresa quiere convertirse en innovadora debe aceptar que sus empleados cometan errores, y si no lo acepta... jamás será innovadora. Sin embargo en muchas empresas aún se pretende que los proyectos de innovación sean un éxito, que no haya errores, que todo salga bien. Se planifica al detalle para que se cumpla lo que se quiere.

Ahora bien, es oportuno recordar lo que... ¡en 1969! Peter F. Drucker en su libro “Age of Discontinuity” escribía sobre los trabajadores del conocimiento afirmando que “el principal motivador de éstos son los retos; y que la única persona en la que había que desconfiar era aquella que no cometía errores, porque o era un mentiroso o se quedaba en lo seguro, en lo ya conocido, en lo trivial.”.

Pero quizás la frase más impactante es “Cuanto más competente es una persona más errores comete”. Y eso por un simple motivo porque hace, es decir, porque actúa, porque no se queda parado. Ahora bien, lo que no es aceptable es que repita los mismos errores porque eso es incompetencia, de los  errores se aprende y se establecen los elementos que impidan que se vuelvan a repetir de la misma forma.

Por eso en la innovación hemos de aceptar que los innovadores cometan errores. Y los más innovadores son los que más errores comenten porque se plantean ir por donde nadie nunca ha ido, con lo que saben con qué trampas se van a encontrar por el camino pero sí que deben tener las herramientas que les permitan superarlas o la valentía de parar y dar por concluido el viaje. Esta última es una de las decisiones más difíciles de tomar porque supone ponerse en el centro del escenario a la vista de todos, y no todo el mundo es capaz de hacerlo. Por eso aquellos que toman esas decisiones consiguen una autoridad que no se puede comprar. Esto es lo que diferencia a los verdaderos líderes de la innovación del resto.

Pero frente a esto determinados “trabajadores del conocimiento” como pueden ser los Gerentes y Directores Generales (CEOs) ven cómo se desarrollan sistemas informáticas que serán capaces de sustituirlos en la toma de decisiones como así aspira un software que se encuentra en fase de prototipo denominado "iCEO". Lo que se pretende con este sistema de gestión virtual es automatizar los trabajos complejos que realiza un CEO que automatiza trabajo complejo dividiéndolo en pequeñas tareas individuales. Este sistema lo que hace es desarrollar algoritmos de toma de decisiones en los que no hay margen para el error, pero por ese mismo motivo son algoritmos que difícilmente supondrán que las decisiones que tome sean innovadoras.

Aunque les desagrade a los partidarios e investigadores en Inteligencia Artificial la capacidad del cerebro humano en cuanto a sistema capaz de desarrollar alternativas e innovación será difícilmente superables por un algoritmo. Sí que es cierto que los ordenadores tienen mayor capacidad de cálculo e incluso que se pretende que un futuro los ordenadores tengan la capacidad de aprender de sus decisiones, pero hoy en día un sistema de decisión requiere de un humano que valide esa decisión la primera vez que la toma.

La innovación es quizás el campo de la actividad humana en el que las máquinas siempre estarán por detrás de los humanos porque la imaginación es algo que no se puede programar.

Pero la innovación no es solo imaginación, también es relacionar elementos de diversos entornos y situaciones. Y esta capacidad tampoco es programable. En el ser humano los cinco sentidos están interconectados con el cerebro y eso da lugar a que se desarrollen soluciones que unos las crean visualmente, otros las escuchan en su mente, otros las hacen con sus manos, otros las huelen y otros las degustan. Esta capacidad de usar los sentidos de forma simultánea para innovar es lo que nos hace diferenciales. Pero además el uso de los sentidos nos puede llevar a cometer errores porque podemos interpretar erróneamente las señales que recibimos.

Pero sinceramente, la capacidad de equivocarnos para luego crear las grandes innovaciones es lo que nos hace humanos. Y las empresas que no aceptan que sus empleados se equivoquen quizás es porque han dejado de ser humanas y también de ser innovadoras.

  Escrito por Gian-Lluís Ribechini.

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