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Gestionando el estrés

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Cerramos el bloque de posts relacionados con el cerebro, ilustrando con un ejemplo el concepto que vimos en el último post sobre la felicidad y los objetivos. Me gustaría compartir un ejemplo que Eduard Punset explica en su libro Porqué somos como somos.

El doctor Neurón lleva 30 años estudiando cómo reacciona nuestro cuerpo en situaciones de pánico. Cinco experimentos con animales de laboratorio le han servido para conocer mejor los mecanismos que producen o evitan el estrés.

Para ello necesitó una prueba/control que le asegurara que, mediante unas pequeñas descargas eléctricas, el sujeto de estudio acabara desarrollando una úlcera de estómago. En otras palabras: que se estresara. Lo que hizo después fue cambiar las condiciones para comprobar en qué situaciones se vuelve a estresar y cuánto:

Prueba 1. Le procuramos un compañero que le servirá para desahogar las penas. Tras recibir la descarga nuestro individuo/control puede morderlo, achucharlo, aprisionarlo, cualquier cosa que necesite para descargar la rabia que siente.

Resultado: No hay úlcera, por lo menos en el sujeto de estudio.

Prueba 2. Liberamos al compañero y lo cambiamos por un trozo de madera. Seguimos teniendo una vía de escape, pero esta vez es un objeto inerte.

Resultado: No hay úlcera.

Prueba 3. Colocamos una luz que se encenderá cada vez que vaya a recibir una descarga. También indica la intensidad del estímulo. Con estas señales nuestro individuo/control puede prevenir lo que le va a ocurrir.

Resultado: No hay úlcera.

Prueba 4. Ahora colocamos en la jaula una palanca que permitirá que nuestro individuo/control pueda desactivar la descarga con un simple clic. Lo que él ignora es que llegará un momento en que el clic no frenará la descarga. Aunque engañado, el individuo está seguro de tener el control de la situación y además está convencido de que puede controlarla.

Resultado: No hay úlcera.

Prueba 5. (Definitiva) El individuo objeto de estudio vuelve a estar acompañado. Esta vez durante las descargas recibe el consuelo y el apoyo de sus compañeros. Tiene soporte social, alguien que le acompaña durante el sufrimiento.

Resultado: No hay úlcera.

  • Conclusión: Existen factores externos que nos ayudan a escapar del estrés, ya sean una sensación de control, de un objeto, de un aviso o de un acompañante.

 

El lóbulo frontal se va formateando a lo largo de la niñez y la adolescencia  para constituirse por completo en la adultez. Esta formación está íntimamente relacionada con el medio en el cual se va desarrollando donde idealmente deben encontrarse valores como el optimismo, la estimulación, el afecto, etc. Nuestra niñez y adolescencia nos han marcado como la persona que somos en la actualidad y un cerebro educado sabe que positivamente tiene que continuar creando redes día a día para crecer. Si bien es cierto que tener conocimiento de nuestros impulsos no implica necesariamente poder contralarlos, un cerebro educado sabe que será subir un peldaño más en la valiosa hazaña de gestionar más efectivamente nuestros pensamientos  y emociones.

  Escrito por: Lluís Soldevila

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