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El Príncipe de la Innovación debe recordar las palabras de Maquiavelo

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El innovador se transforma en enemigo de todos los que se beneficiaban con las leyes antiguas, y no atrae sino la amistad tibia de los que se beneficiarán con las nuevas.

Esta es una frase que podría haberse escrito en cualquiera de los libros de innovación editados en los últimos años como expresión de lo que se produce cuando una innovación llega al mercado; pero lo cierto es que está es una frase que tiene más de 500 años, escrita por Nicolás Maquiavelo en su tratado más conocido “El Príncipe”.

Lo que decía Maquiavelo hace tanto tiempo es algo que debemos tener en cuenta cuando queremos innovar, especialmente si nuestra innovación es de las que se considera radical o disruptiva. Si no somos conscientes de los costes que eso puede suponer podríamos en el caso que no tengamos el éxito que deseamos interpretar que hemos fracasado, cuando lo que ocurre es que no hemos conseguido convencer a los clientes potenciales que nuestra propuesta era una excelente solución para sus problemas o necesidades.

En algunos sectores se ha expuesto que los productos innovadores que alcanzan un éxito razonable son entre el 10% y el 25% de los que se lanzan al mercado.

Un ejemplo podrían ser las Google Glass que han representado una apuesta por un nuevo producto por parte de una empresa referente en innovación pero que ha tenido que enfrentarse a la tibieza de los posibles clientes en concreto una tibieza que incidía en la percepción negativa en lo que se refiere a su precio de venta o a la duración de la batería, y los beneficiados por las leyes antiguas serian aquellos que consideran que su privacidad en lugares públicos podría quedar afectada o la actuación en el sector del cine que consideró que incidiría en su negocio.

Una de las competencias más importantes que ha de tener un innovador es la capacidad de prever las situaciones favorables, y especialmente las desfavorables porque estas últimas son las que más pueden afectar al resultado final. Ahora bien es evidente que no podemos prever todas las circunstancias, ni factores pero algunos si y es en estos sobre los que hemos de estar preparados.

Si nos referimos a la frase de Maquiavelo una de las herramientas que podríamos construirnos es un cuadro de tres columnas en las que su encabezamiento fuese:A quién beneficia, A quién perjudica y A quién deja indiferente. Y en cada una de las columnas escribir la relación de los implicados que pueden ser tanto empresas u organizaciones, como sectores existentes e incluso administraciones públicas.

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A partir de esta lista podríamos desarrollar otro cuadro para cada una de las columnas en el que evaluáramos diversos factores, esta evaluación se haría en la mayoría de los casos de forma cualitativa, dado que a menudo es difícil tener acceso a datos cuantificados.

En el caso de la columna “A quién perjudica” podríamos utilizar factores como:

  • Impacto en el negocio. Aquí se utilizarían términos que describiesen de forma clara lo que podría ocurrir como por ejemplo “
  • Capacidad de Bloqueo. Aquí se expondría si el implicado puede bloquear la introducción en el mercado de nuestra innovación mediante por ejemplo presión para cambiar la legislación, o por el control de las redes de distribución, o por capacidad de influencia en los medios para impedir la difusión, …
  • Posibilidad de respuesta. Se indicaría si puede lanzarse un equivalente o una alternativa a nuestra innovación.
  • Tiempo de respuesta. En qué tiempo prevemos que podría lanzar el equivalente o la alternativa a nuestra innovación para competir con nosotros.

Para desarrollar estos cuadros lo adecuado sería definir un equipo de trabajo en el que intervengan personas que den pie a la presencia de la diferencia, de la divergencia y de las visiones contrapuestas pero focalizadas en tener un cuadro útil para el desarrollo de la innovación.

Para finalizar querría aprovechar para recomendar la lectura de los textos clásicos como una fuente muy útil de elementos de reflexión para la innovación, porque en muchos casos las situaciones humanas se repiten generación tras generación: Bis ad eumdem lapidem offendere.

 

Escrito por Gian-Lluís Ribechini.

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