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Éxito y Felicidad

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felicidad Estaremos de acuerdo en que los emprendedores buscan el éxito. La enciclopedia online Wikipedia describe éxito como “la consecución de un objetivo” mientras que la Real Academia Española (RAE) se refiere al mismo concepto como “el resultado feliz de un negocio o actuación”. Tanto un diccionario como el otro coinciden en la definición del éxito como la consecuencia de ver satisfecha una meta que, como hemos estado analizando a lo largo de este libro, es lo más parecido a lo que llamamos felicidad. Sustento esta relación en la idea de que el logro de un objetivo (éxito) nos conduce a una emoción positiva o placentera (felicidad). Por lo tanto, salvando el hecho de que el primer término suele estar emparentado al mundo material y el segundo a cuestiones más intrínsecas como las emociones, la felicidad es la consecuencia del éxito (o, por lo menos, una de ellas). éxitoPero la búsqueda de la felicidad no es algo nuevo sino que ha sido una preocupación para los seres humanos desde los comienzos de la historia. En cualquier caso, creo que no existe una definición de felicidad general a todo el mundo puesto que cada uno de nosotros abanderamos, a través de nuestra experiencia, una combinación de objetivos y valores única. Así como podemos llegar al mismo lugar por diferentes caminos, cada uno puede (y debe) encontrar su propia manera de ser feliz haciendo aquello que le resulte satisfactorio. Sin embargo, existen ciertos aspectos generales de este estado de ánimo que es para todos igual como el hecho de que es analógica y continua y no digital y discreta. Con ello quiero decir que no tiene principio y fin sino que es un proceso que nos lleva toda la vida. Un camino acorde con nuestros valores que comienza con una decisión proactiva. Así es, salir de nuestra propia infelicidad pasa por un inevitable cambio en nuestro modus operandi de vida que no es apto para perezosos. Si no eres feliz, empezar a hacer aquellas cosas que sabes que tienes que hacer y dejar de hacer las que no contribuyen a tus propias cuotas de felicidad implica un cambio de paradigma en tu día a día. Por lo tanto, para no desfallecer en el intento debes tener una convicción firme que suavice el esfuerzo de todo lo nuevo que debes emprender. También, es importante tener conciencia de que este camino no es plano ni va en continua subida, como bien nos gustaría, sino que es un terreno escarpado trazado a través de montañas, llanos y barrancos. No obstante, lo importante no es cuan bajo o alto llegues sino que la media sea positiva y para ello los altos deben ser la norma y los bajos la excepción. Además, debemos aprender a disfrutar de este camino puesto que de esta manera los resultados son siempre superiores. Es por ello que suelo acompañar mis clases con música y videos con los que intento impregnar de algo de felicidad a los alumnos porque los conocimientos de esta manera se quedan mejor impregnados. De hecho, remontándome a mis años de estudiante escolar mis mejores recuerdos provienen de algunas asignaturas que no pertenecen a mi área profesional. Así, en Historia tuve a un magnífico profesor que nos hacía reír y nos explicaba  su asignatura como quien cuenta un cuento. El resultado era óptimamente evidente: el promedio de calificación de la clase era mucho más elevado que en otras asignaturas ya que el camino de aprendizaje se basaba en la diversión. Y es que debemos desmitificar el dolor y silenciar  todas aquellas populares y obsoletas máximas como “la letra con sangre entra” que tanto daño nos hacen. Considero que la relativización del dolor es fundamental para dejar entrar a la felicidad en nuestra vida. “Recordar que vas a morir es la mejor manera que conozco para evitar caer en la trampa de pensar que tienes algo que perder”, declaró Steve Jobs. El fundador de Apple tomó conciencia a raíz de la enfermedad que lo llevó a la muerte que no hemos venido al mundo a sufrir y que debemos disfrutar del camino a pesar del  esfuerzo y la perseverancia que exige. exitooEn este sentido, recientemente leí un artículo del reconocido siquiatra Luis Rojas Marcos en el que asegura que el “sufrimiento ni te hace más sabio ni mejor persona”. Me decanto por este postulado ya que hay quienes opinan que cada golpe en la vida fortalece pero desde mi punto de vista esta visión es errónea. Personalmente considero que los verdaderos acicates de nuestro aprendizaje son las marcas que los golpes imprimen en cada uno de nosotros. En su último libro Secretos de la Felicidad (Espasa), el doctor explica que la felicidad viene en los genes y todos nacemos con la potencialidad para vivirla así que la actitud más inteligente es la de quien proactivamente decide aprender sin necesidad de que la vida lo golpee. Por otro lado, la metodología nos indica que debemos hacer muchas cosas pequeñas que nos hagan felices, es decir, tener hábitos que nos conduzcan hacia la felicidad. Ya lo dijo Aristóteles, “somos lo que hacemos cada día”, de modo que la excelencia no es un acto sino un hábito. El zumo de naranja por la mañana, el momento de lectura antes de ir a dormir, ir a buscar a tu hijo al colegio…, pequeñas rutinas de felicidad de las que acabarás siendo inconscientemente competente. Esto te permitirá liberar memoria que quedará libre para llenarla con otros conocimientos. Por increíble que resulte, en estudios con enfermos terminales a los que les quedan 6 meses de vida muchos de los encuestados declaran que por primera vez se sienten vivos. Esto se debe a que, viendo la proximidad de la muerte, comienzan a apreciar las cosas simples de la vida como respirar, dar un paseo, la fragancia de una flor, el afecto de los familiares, etc. La felicidad es un camino que se construye mediante hábitos simples y satisfactorios como bien se retrata en el experimento “Haciendo feliz a Slough” dirigido por el psicólogo Richard Stevens. Después de 3 meses trabajando con 50 personas de la localidad de Slough (Reino Unido), los expertos identificaron 10 medidas para aumentar la felicidad. Así reza el dichoso decálogo: 1- Cuidar una planta o un animal. 2- Recordar cada día cinco cosas positivas de la vida. 3- Salir a caminar. 4- Hablar durante más tiempo con los seres queridos. 5- Llamar a un amigo que no se ha visto por mucho tiempo. 6- Reírse. 7- Realizar ejercicios por lo menos media hora al día, tres veces por semana. 8- Sonreír a personas desconocidas. 9- Reducir a la mitad el tiempo que se dedica a mirar televisión. 10- Realizar tareas en beneficio de la comunidad. El resultado fue un éxito y los voluntarios notaron que al final del experimento habían incrementado notablemente sus niveles de felicidad. Y por cierto, no puedo evitar que éxito se escribe con A. Escrito por: Lluís Soldevila

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