Project Management

Algunos ejemplos de asertividad en la dirección de empresas

La asertividad es una facultad especialmente valorada en la dirección de empresas. El concepto es, en realidad, la conjugación de dos elementos: la capacidad de expresar los sentimientos y las emociones propias de forma clara y directa y, a la vez, el respeto y la consideración hacia las personas del entorno.

Por supuesto, se trata de una cualidad que se debe cultivar y desarrollar con el tiempo. Tiene que ver con elementos como la confianza, la autoestima, la seguridad y el respeto hacia uno mismo y los demás. En el terreno de la dirección empresarial, tener una conducta asertiva es fundamental para el éxito de las actividades y decisiones. Un gerente asertivo, por ejemplo, es aquel que establece límites claros, dirige acertadamente cada una de las fases de los procesos y evita el estrés y la falta de motivación entre sus colaboradores.

 

La asertividad: ejemplos y consideraciones

¿Cómo hacerlo? No existe una única fórmula para aplicar la asertividad a la dinámica empresarial. Cada organización tiene sus métodos y sus necesidades. Lo único cierto es que aquellas que aplican conductas de este tipo, están más cerca de alcanzar sus metas y objetivos; la asertividad es sinónimo de claridad y pragmatismo. Para precisar aún más el concepto, es necesario remitirnos a una serie de estrategias de asertividad empresarial recomendadas por especialistas en el sector laboral. Cada una de ellas va acompañada de un ejemplo concreto.

  1. Claudicación simulada:

En la sala redacción de un periódico, un jefe de sección y un redactor discuten sobre si el diario debe publicar una foto sobre los refugiados del norte de África. El redactor es partidario de hacerlo; el jefe de sección, no. La claudicación simulada consiste en dar la razón al otro parcialmente; puede que en un primer momento las posturas no cambien, pero esa flexibilidad permitirá que el debate sobre la foto vaya por otro lado. Al final, lo más probable es que el jefe y su redactor lleguen a un acuerdo.

  1. Metacomunicación:

Esta estrategia es especialmente útil en situaciones de crisis. Dos miembros de un equipo de marketing analizan el fracaso de su última estrategia de mercado y la reunión acaba en temas personales ajenos al objeto de análisis. Metacomunicar, en este caso, consiste en que los dos involucrados sean conscientes de que el diálogo se ha salido de su curso y es necesario reconducirlo.

  1. Pregunta asertiva:

Un director creativo presenta ante un grupo de socios la nueva imagen corporativa que se le ha encargado diseñar un par de días atrás. Es la imagen que la empresa usará a partir de ahora. Sin embargo, tras la reunión no hay consenso sobre la conveniencia de la imagen propuesta. En vez de enfadarse ante las críticas, el director creativo asume una postura receptiva. Para ello, responde a cada una de las intervenciones con una pregunta asertiva como: «¿A qué te refieres?» o «¿Por qué piensas eso?». El objetivo es que, más allá de si las críticas son bienintencionadas o no, el director creativo obtenga más información sobre las razones de los socios para opinar eso.

  1. No entrar al trapo:

Se trata de una situación parecida a la del segundo ejemplo. Sin embargo, la diferencia radica en que la actitud beligerante es exclusiva de uno de los dos actores del diálogo. Mientras éste pierde el control y lleva la conversación a temas personales o de cualquier otra naturaleza, el otro espera con tranquilidad a que se calme. De hecho, no entrar al trapo implica realizar apuntes asertivos en un tono respetuoso o amable.

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