Project Management

Diez cualidades necesarias para ser un buen jefe de equipo

Los jefes de equipo son necesarios en cualquier campo o situación. Pero su presencia es aún más importante cuando se trata de gestionar proyectos, pues en éstos aumenta el nivel de complejidad y, por eso mismo, la noción de responsabilidad. 

Si en un proyecto genérico las habilidades que debe desplegar el líder de equipo definen en cierta forma el futuro del mismo, durante la ejecución de un proyecto es todavía más notorio. No cualquiera puede asumir un cargo de tal magnitud. Aparte de los talentos y las habilidades básicas, es importante la cualificación. La prueba está en que, actualmente, muchas empresas exigen una alta cualificación a los responsables de proyectos o tareas complejas. Certificaciones como las ofrecidas por el Project Management Institute (PMI) son una buena forma de acreditar la experiencia de los profesionales.  

 

Cualidades que todo líder debe tener en cuenta

La suma de habilidades técnicas, sociales y directivas potencian el papel de cualquier líder de equipos. ¿De qué habilidades hablamos?

  • Inteligencia emocional:

Para empezar, el líder debe saber controlar sus impulsos, emociones y actitudes. Un proyecto casi nunca es lineal; en cambio, suele registrar altibajos en el rendimiento que es necesario gestionar de forma eficaz. El jefe de equipo no puede permitir que este aspecto se vuelva en su contra.

  • Liderazgo:

Ser líder implica saber qué postura adoptar ante distintas situaciones. Cada modelo de liderazgo tiene un momento y un lugar y es fundamental que quien ejerza esta labor sepa aplicarlos con efectividad.

  • Retroalimentación:

Un buen jefe de equipo fomenta el intercambio de ideas y posturas con su grupo de colaboradores. Se muestra cercano y comprensivo, pues sabe que en el contacto con sus dirigidos radica parte del éxito del proceso que lidera.

  • Sentido de la realidad:

Sus valoraciones no están basadas en quimeras ni en elementos fantásticos. El jefe de equipo debe permanecer con los pies en la tierra y no perder nunca de vista los acontecimientos que le rodean.

  • Planificación:

Planificar tareas, labores, recursos y plazos es fundamental para el desarrollo de los proyectos. Un proyecto mal planificado está destinado al fracaso.

  • Conocimiento del personal:

Ahora bien, si quiere ejercer una buena gestión del talento humano en sus equipos, el jefe de grupo debe saber quiénes son realmente las personas con las que cuenta. ¿De qué le sirve tenerlos si no los conoce?

  • Organización:

Organización no quiere decir rigidez. Quiere decir, simplemente, la disposición de llevar a cabo las tareas de forma coordinada y coherente. En este caso, el orden de los factores sí altera el producto, y mucho.

  • Apertura al cambio:

Algunas veces, los proyectos obligan a que sus jefes tomen medidas que no estaban previstas. Son escenarios que se derivan de situaciones excepcionales. Un buen jefe de equipo debe estar dispuesto a asumir esos cambios de giro. Sus peores enemigos son el inmovilismo, la resistencia tenaz y la obcecación.

  • Equilibrio:

Saber qué está mal y qué no, tener claro cuándo intervenir una tarea y cuándo no y ponderar si lo realizado ha sido eficaz o no, son algunas de las funciones que se le exigen al jefe de equipos en este sentido.

  • Fijación de metas:

El jefe de equipos debe tener claros los plazos de ejecución y las metas que persigue. Si no es así, ¿para qué hace lo que hace? Estas metas deben ser comunicadas a sus colaboradores de forma que se fomente en ellos el compromiso y la responsabilidad hacia las labores. Las metas son referentes que impulsan la acción.

 

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