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Activa el cambio: La Ley de la Acción

En el post anterior, vimos lo bien que los humanos nos hemos adaptado a los diferentes tamaños de móvil, tanto cuando menguaron como cuando fueron creciendo. Y así seguirá siendo. No hay que temer que en ese proceso de adaptaciones haya caos, crisis y hasta terremotos internos. Sí, insistiré una vez más, el cambio es adaptación y la adaptación es movimiento para después recuperarse, y no puedes vacilar.

Dicen que después de la tormenta llega la calma, y qué mejor ejemplo que este para que veas lo que trato de contarte. Perder el control es bueno, sano y necesario. Si no lo pierdes, no te adaptas, y si no te adaptas, mueres como especie. Así, el cambio externo debe provocar un cambio interno y esa adaptación también provoca un cambio interno.

Todo ese proceso empieza sin que lo busques ni lo quieras, sin que lo esperes y desde un lugar que escapa a tu control, pero te afecta y huir no es una opción viable. La única solución real es adaptar a las nuevas circunstancias, sean cuales sean. Si te cambian la ecuación, te afectará. Si no te afecta, si pasas al lado de los cambios externos y te quedas igual, es que no lo has digerido, que hay mucho trabajo por hacer y cosas por trabajar. Date tiempo. Las digestiones son pesadas. A estas alturas ya sabes que la actitud es un ingrediente clave para el éxito. La forma como afrontes lo que te pase hará que lo superes o que no salves la situación que te resulta complicada.

Me gusta comparar la realidad con unas gafas. Si al levantarte por la mañana te pones unas gafas con los cristales grises, verás la vida de ese color y las cosas no funcionarán. Por otro lado, puedes optar por las gafas rosas y ver la vida de otra forma. Esas gafas son la actitud, claro y tú debes ser capaz de decidir cómo será la que tú adoptes. Una actitud gris te hará ver la vida de ese color, triste y sin mucho futuro por delante. En cambio, si adoptas una actitud rosa te llevará a vivir una vida alegre.

En mi primer libro proponía un ejercicio que creo interesante recuperar para que veas el poder de las gafas. Es fácil y no requiere material, ni siquiera gafas. Lo primero que debes hacer es salir a la calle y observar a tu alrededor. Si te has comprado recientemente una pieza de ropa verás que, misteriosamente, la ves por todas partes. Gente que no tiene nada que ver contigo lleva una pieza igual o muy similar a la tuya. Puede que el universo haya seleccionado a toda la gente propietaria de una pieza como la tuya y la ha puesto en tu camino para que te la encuentres. Una tras otra, todas esas personas te rinden ese homenaje.

Hay otra opción: que hayas salido con las gafas de la pieza de ropa y que esas gafas te hagan ver solo la pieza de ropa entre los que andan. ¿Ves lo que te quiero decir?

Al final lo importante, con gafas o sin ellas, es darse cuenta de que la realidad no existe como tal, sino que depende de cómo quieras verla. Frente a un cambio inesperado, tu actitud es primordial e imprescindible. Lo único que haces tratando de controlar la situación es incrementar las posibilidades de éxito y de revertir la situación. Para este paso hay que aplicar la Ley de la Acción, según la cual “toda persona que decida emprender el camino hacia el éxito, sea cual sea, deberá utilizar el pasado para aprender, el futuro para encontrar sentido y el presente para actuar; y todo ello a partir de unos objetivos SMART y con la actitud adecuada.“

¿Qué son los objetivo SMART? ¡Esto lo veremos en el siguiente post! De momento, trata de definir tus objetivos sin saberlo.

 

 

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